Este Pago de DorregoEs el llano redondo y siempre verde, lujoso tirador que se engalana con arroyos de inquieta platería y con lagunas de monedas mansas. predio rural techado de gaviotas, dos horcones fluviales lo apuntalan: el Sauce Grande y el Quequén Salado que llevan hacia el mar toda la pampa por el Quequén descienden los luceros, por el sauce discurren las calandrias, ambos nacen con bríos en la sierra y después la llanura los amansa. ¡Tiene tantas maneras este pago de proclamar su herencia sin palabras...! En huesos laminados de intemperie, en su espina dorsal agropecuaria, en el costado azul y salobreño con infinitos pajonales de agua, donde un mangrullo litoral ondea desplegando su luz hospitalaria. ¡Tiene tantas maneras este pago de publicar sin gritos sus hazañas! El soldado de solo sable y poncho, y el coraje supliendo lo que falta; el gaucho desplazado, casi en cueros y sin embargo entero en las patriadas, el estanciero que rindió baguales; se inicio con alambres el mañana; la ferviente milicia de fronteras cobrando sin cesar la tierra huraña; el domador, el chasqui, y el labriego, la multitud anónima que pasa por el margen callado de la historia con humildad de pueblo; sin medallas, y la gente, nación, creciente gringa que se entregó a la gleba en cuerpo y alma... ¡Tiene tantas maneras este pago de recordar las cosas sin nombrarlas! Era un suelo orejano, sin memorias polvo ancestral sobre la boca atlántica; apenas si algún raudo pie aborigen erigiría la vida en sus distancias llanura arrebujada en el silencio tuvo un despunte vial en rastrilladas, y en el toldo, aunque fugaz, le alzó querencias donde no había más que cielo y pampa. Salvaje latitud de patriotismo, no eran hombres, más bien toros en ascuas, aquellos del principio, los que echaron la raíz verdadera pero amarga. Allí estaban entonces los bañados asiduos de totora y paja brava, de carrizo y plumosas cortaderas en un vaivén espeso de arrogancia, desvelados de teros y bandurrias, de gallaretas siempre en algarada de flamencos absortos floreciendo como rosas vivientes sobre el agua. Allí zorros, vizcachas y peludos como dueños campeaban a sus anchas. Corría el avestruz a toda rienda enteramente libre y espontánea, en ese crecimiento imperativo que era en todo bagual y lo gritaba. Con doncella de cobre y ojos negros en su fugaz momentos de torcazas, con mocetones ágiles, sombríos, pumas vertidos en vasija humana, allí fundó su indómita progenie el ser elemental, el puro pampa que dio Calfucuraes y Catrieles y una agria población de vincha y lanza. Luego el tiempo que es potro inapelable va volteando caminos a la espalda, y la huella desnuda y cimarrona se entrevera con rastros de otra laya. ranchos de adobe y junco, lentamente afirman la experiencia sedentaria, promoviendo brocales y tranqueras y los trozos fecundos de las chacras. Los hombres se acollaran a la tierra penetrados de amor y de esperanza, y le dan lo mejor; la fuerza, el hijo de sol a sol, la frente y la plegaria, y en el estricto holgorio, algunas veces la costumbre del mate y la guitarra, y tal vez una danza campesina con vuelos querendones de zarazas. Quedan pocas parcelas redomonas, sobre el erial hay música de parvas, y se diluye el tránsito matrero en la densa corriente provinciana. ¡Tiene tantas maneras este pago de ponderar su médula paisana! En ritmo cereal innumerable, en el pulso de eglógicas manadas en el costado azul y marinero donde todo concluye en cielo y agua, donde hay torre de arena sobre el viento y palomas de sal sobre la playa. ¡Tiene tantas maneras este pago de expresar los colores de la patria!. Ñusta de Piorno
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